“Un hombre de fuerza e inteligencia extraordinaria puede ser no más que un cero en la sociedad si no sabe hablar”. William Chaning

 

La afirmación de William hace más de 200 años sigue de rabiosa actualidad. Analizar documentos como el informe PISA debería hacernos pensar. Se ha demostrado que hemos llegado a un nivel de inversión económica en educación en el que incrementarla no se traduce en una mejora de los resultados. Tras esta lectura debemos preguntarnos…¿qué estamos haciendo mal?

 

A esta pregunta hemos obtenido múltiples respuestas a lo largo de estos días, y una de ellas es aquella que dice: “esto es porque en otros países consiguen captar a los mejores para la docencia”. Si aceptamos esta hipótesis como cierta debemos preguntarnos, ¿quién son los mejores?.

 

Si entendemos la educación (o enseñanza) como un proceso de socialización mediante el que una persona aprende y asimila conocimientos, y entendemos que el sistema educativo nutre al individuo de habilidades y de valores que propician un cambio intelectual, podremos establecer la figura del “líder” (en este caso el docente) que ejerce una influencia sobre otra persona (el alumno) con el fin de formarlo. Ante un mundo como el actual en el que encontramos cantidades ingentes de información por allá donde vamos, ¿cómo un docente puede marcar la diferencia?

 

Vamos a responder las preguntas planteadas, pero permítanme que empiece hablando de la Oratoria.

 

La Oratoria es el arte de hablar con elocuencia, de ser capaz de persuadir a través de la palabra y motivar . La oratoria y el liderazgo van de la mano, puesto que un líder tiene que ser capaz de expresar sus ideas con claridad, generar un mensaje que seduzca y debe ser capaz de agradar a su público. Imaginen por un momento un docente que sea capaz de transmitir sus ideas con claridad y concisión, imaginen un docente que sea capaz de motivar a su alumnado, imaginen un docente que sepa “seducir” a sus alumnos con la intención de formarlo…que sea un líder para sus alumnos. ¡Paren! Acaban de visualizar la respuesta a las anteriores preguntas, este sería el profesor que estábamos buscando, el mejor, el que marca la diferencia, y ese profesor sería …un profesor que domine la oratoria.

 

Por desgracia a día de hoy la oratoria y la comunicación oral todavía siguen siendo una disciplina que tienes que buscar fuera de las aulas, pero que empieza a estar presente en el mundo universitario. Podemos seguir cambiando leyes de educación, discutiendo sobre si invertimos más o menos , pero…¿alguien se ha preocupado en empezar a formarse en algo tan antiguo como la oratoria?

 

 

Fernando Carrera

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