Una de las escenas cinematrográficas que más me gusta es la protagonizada por James Mason en la película Julio César, de Joseph L. Mankiewicz, adaptación de la obra del mismo título de W. Shakespeare. En ella Mason interpreta a Marco Junio Bruto, político y militar que participó en el asesinato de Julio César en los Idus de marzo del 44 a.C. En la mencionada escena, después de perpetrar el asesinato del dictador, Bruto se dirige al pueblo de Roma, amante de Julio César, con la idea de explicar y justificar el porqué de su acción.

Bruto comienza su alocución con estas palabras:

“Romanos, compatriotas. Si hubiese alguno en esta asamblea, algún amigo entrañable de César, a él le digo que el afecto de Bruto por César no era menos que el suyo. Y si ese amigo se pregunta por qué Bruto se alzó contra César,  ésta es mi contestación: no porque amaba a César menos, si no porque amaba a Roma más” (http://www.youtube.com/watch?v=oxP8v_9FOwg)

Y es que apelar a la patria, a la identidad común

a lo que nos engloba ha dado sus frutos desde tiempos inmemoriales. Cuando yo digo que soy de tal nacionalidad apelo a mi identidad; cuando digo “romanos, compatriotas” apelo a lo que nos identifica a todos, a la identidad de identidades, esto es, a la meta-identidad.

Cuando Bruto dice “compatriotas” está dibujando un conjunto llamado “romanos” del cual él y el resto del auditorio forman parte como elementos. Es decir, les habla como un igual.  

Y es que pasar como un igual trae beneficios inmediatos puesto que genera una empatía y una sintonía a prueba de bomba. Si la estrategia funciona y el auditorio te acepta como un igual, te escucha porque escucha a uno que pertenece a dónde él pertenece. ¿Quién mejor que un igual para conocerte, para hablarte, para persuadirte?

 

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Claro que, como en casi todo, aquí también hay grados y uno puede apelar simplemente a la metaidentidad, a lo que nos une, a lo que nos engloba, a lo que nos identifica o ir un paso más allá y hablar en nombre del conjunto. Una vez más, si el auditorio acepta la condición del politico de turno de portavoz del conjunto, el efecto persuasivo es demoledor puesto que asume que la opinión del político es la mejor opinión posible para los asuntos del grupo.

El Senador Bruto, en su alocución, justifica su magnicidio por su amor a la patria, Roma y a sus ciudadanos, los romanos. Bien podría haber dicho “lo hago por vosotros, yo sé lo que queréis, lo que necesitáis y puedo hablar y actuar por vosotros”.

 

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La última vuelta de tuerca al asunto de la metaidentidad es cuando el político no es sólo el portavoz de la totalidad del conjunto, sino que, además, se constituye en la etiqueta misma del conjunto; es decir, él/ella es el conjunto en el imaginario del colectivo. Vendría a ser algo así como “es conjunto soy yo”. Mira el siguiente ejemplo.

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El centro político es Suárez. Él no es un elemento más del conjunto de las personas que se consideran de centro, tampoco es el portavoz o representante del conjunto,  él ES el centro.

 

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En este cartel del Frente Nacional francés, Le Pen es el pueblo, por lo tanto, puede hablar y actuar en su nombre puesto que la identificación es máxima. Un ataque en contra de Le Pen, es un ataque en contra del pueblo francés (o al menos, eso es lo que él pretendía).

 

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Por último, échale un vistazo a la portada este libro. El título y el diseño no puede ser más explícito de lo que he venido planteando en el artículo. Como podéis imaginar, conseguir que te identifiquen como el conjunto del que formas parte es el sueño de todo político porque, si lo consiguen, el grado de influencia que consiguen es máximo. De hecho el grado supremo de éxito se produce cuando no sólo los que forman parte de tu conjunto de identifican como representante. Así es habitual que a los representantes de CiU en el Congreso se les describa por el resto de grupos parlamentarios y por la prensa como “los catalanes”, consiguiendo que las otras fuerzas políticas que represnetan a ciudadanos de Cataluña queden fuera del conjunto “catalanes”. Lo mismo pasa con el Partido Nacionalista Vasco. Finalmente, la deriva que he descrito en este artículo quedaría como sigue:

soy miembro de un conjunto – soy  representante del conjunto – soy el conjunto

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