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Muchos recordaremos la famosa foto de Aznar y Bush sentados en un sofá con los pies encima de una mesa. Algunos quizás también se acuerden de los corrillos que se hicieron criticando el fuerte acento tejano con el que el entonces presidente español hablaba con su homólogo norteamericano.

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En mi opinión creo que Aznar, en realidad,  estaba utilizando una tecnología de empatía muy efectiva y potente que se explica en los más desarrollados cursos de comunicación.

Se trata de sincronizar gestos y expresiones verbales a los del otro. Es decir, comunicar de manera similar a como el otro comunica. Si una persona está hablando despacio, se trata de emular el mismo ritmo de voz. Si sonríe levemente, hay que sonreír levemente y así con todo.

¿De dónde surge está técnica? Una investigación analizó como comunicaban las personas que empatizaban efectivamente con sus interlocutores. Y se observó justamente esto. Los investigadores descubrieron que las personas que establecían fuertes vínculos, que caían bien se comportaban de manera similar en gestos, tonos e incluso expresiones verbales con los que se relacionaban y, de ahí, surgió esta tecnología.

Una manera muy fácil de verificarlo es ver a una pareja de enamorados. ¿El sonríe? Ella también. ¿Ella adelanta su cuerpo hacia él? El hace lo mismo. Sincronizan sus gestos. Es como decir al otro: soy igual que tú, soy de los tuyos. Desde fuera se constata fácilmente pero ellos no son conscientes de cómo se están sincronizando, de cómo están empatizando

Y esto es lo que, probablemente Aznar hizo. Si Bush tiene un acento tejano, hablar con él con ese acento favorece la relación; Si pone sus pies encima de la mesa, hacerlo ayuda a empatizar.

¿Lo hizo mal Aznar? No. Entonces, ¿Cuál fue el problema? La televisión. Para los que estábamos viéndola, lo que hacia era evidente. Sabíamos que ese no era su acento y lo consideramos ridículo. Pero es que Aznar quería empatizar con Bush, no con nosotros. Verlos a los dos, a Aznar y a Bush, con los pies encima de la mesa lo podríamos interpretar en función de nuestra ideología como simpatía o arrogancia. Pero no estábamos ahí, no estábamos interaccionando y se nos pasaba por alto esta técnica de igualar al otro. El objetivo de Aznar no era empatizar con el telespectador sino con Bush.

En mis cursos, cuando la explico, la gente cree que el otro se dará cuenta y no es así. Advertir que, para que el otro no se percate de esta  sincronización, ésta tiene que partir de un auténtico interés por el otro, es decir no caer en una burda imitación, entonces sí se convierte en un instrumento bueno, elegante y, sobre todo eficiente.

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