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Aunque parezca mentira una habilidad que todo buen comunicador debe dominar es la de saber decir mucho sin decir nada. Parece paradójico pero no lo es en absoluto.

Como ejemplo quería utilizar  a un comunicador que no tuviera nada que ver con el mundo de la política. Para ello he elegido a Emilio Duró que hace un tiempo estaba en boca de todos y que podemos utilizar para analizar.

Como buen comunicador domina la técnica de no decir nada cuando es necesario y en cambio parecer que está diciendo mucho. Y no lo cuestiono, es lícito y además cualquier comunicador eficaz lo hace constantemente sobre todo cuando no quiere ser preciso para evitar que la gente le cuestione.

Y este es el punto. Si soy preciso me puedes cuestionar, si soy ambiguo no.

Os enlazo el video que he usado (valdría cualquiera de un buen comunicador) y luego analizo sólo algunos puntos relevantes.

Casi al principio señala que hemos perdido la ilusión. Eso nos obliga a interpretarlo. ¿Y cómo lo hacemos?, buscando situaciones en la que uno perdió la ilusión o de personas que me dicen que no están ilusionados y pienso: ¡Es verdad! Pero claro los ejemplos los he puesto yo, no él así es más fácil estar de acuerdo y convencerse. En segundo lugar, la ilusión no es un objeto como una casa o una mesa sino un proceso pero, hábilmente, nos mete en la cabeza que es tangible, que existe físicamente por sí mismo. Así nos hace creer que es algo que se pierde. Pero, ¿cómo se pierde la ilusión? ¿se cae a trozos o es algo que se cae del bolsillo? ¿se puede robar?, ¿se pueden comprar? ¿alguien tiene una de sobras? Nos debería explicar qué hacemos exactamente para perder la ilusión o qué hacer para recuperarla. Pero, al no explicarlo, no se arriesga a que no le entendamos o a que no estemos de acuerdo. No es específico: hemos perdido la ilusión y punto. Pero eso como mucho nos conciencia, pero no nos ayuda nada porque no nos dice qué hacer al respecto.

Como prueba de la pérdida de la ilusión recurre a un tópico: “te pica una avispa y te acuerdas de ella y no de las mil que no te han picado”. Pero si lo piensas, ¿qué tiene que ver “perder la ilusión” con recordar que la picada de la avispa duele? Pero parece que haya relación entre una cosa y la otra. Y eso, de nuevo, aumenta la convicción.

La persona está preparada para sobrevivir no para vivir”. Suelta una frase lapidaria pero ¿qué quiere decir? Nada o todo lo que el receptor quiera entender. Al no especificar su significado, es complicado no estar de acuerdo y por tanto la persuasión aumenta. Además ¿cómo lo sabe? ¿Ha hecho una investigación? ¿Si, no? Y si la ha hecho, ¿es fundamentada?¿dónde podemos consultar los hallazgos?

 Tal como logras algo deja de hacerte feliz”, “El gran problema es cómo vivir 90 años con pasión, y para ello tenemos que seguir al corazón y no la razón”. ¡Perfecto! Pero ¿cómo se sigue al corazón? ¿Deja un rastro como en el cuento Hansel y Gretel? Dice: “Hemos hecho un mundo excesivamente racional”. ¿Quién lo ha hecho? Excesivamente, ¿cuánto es? aunque claro la palabra evoca muchísimo. ¿Mejor uno irracional? ¿Eso es malo, bueno? ¿Por qué? ¿Comparado con qué? ¿Cómo debería ser exactamente entonces? No puede entrar a ser específico porque tendría que tomar posición y entonces sería muy vulnerable.

En otro momento dice que le preguntaron: “¿Hay una fórmula para el optimismo?” Y contesta que “estamos midiéndolo todo, ¡no hace falta medirlo!” Claro que le podríamos preguntar que cómo sabe que no hace falta.  Es decir, ¿cómo lo ha medido? Acaso cuando él dice que la gente se cabrea o es feliz ¿no está midiendo? ¿Es que lo que él llama coeficiente de optimismo no mide el optimismo? Pero él está midiendo todo el rato aunque no lo exprese. Sólo usa “hay cosas que no se pueden medir” cuando le interesa. “No hay fórmulas para ser feliz –añade-, hay personas que siembran primaveras por donde pasan y hay gente que de todo hace un drama” Y eso genera un efecto de ohhhhh, pero ¿demuestra algo? ¡No! Pero refuerza y  aumenta persuasión. Termina: “Esto se puede enseñar”. ¿Enseñar a que sembrar primaveras es el método para ser feliz? Las floristerías sí serían felices. Y ahora que lo pienso todavía no ha definido ser feliz. Por cierto,  ¿y si no hay fórmulas para ser feliz –como él afirma- cómo se puede enseñar a ser feliz?

El humor lo utiliza magistralmente pero de eso ya nos ocuparemos en otro momento. Invito a que sigáis analizando el video y viendo estos trucos. Porque está lleno de palabras vacías, falacias que apelan a saber popular y que, sin darnos cuenta,  atribuimos veracidad sin ser críticos.

A partir del minuto 11… dejémoslo ¿vale? Como dice Buenafuente eso es muy avanzado… (léase con una dosis excesiva de ironía, cuanta más mejor).

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